LA FALTA DE ACCESIBILIDAD EN LAS MAMOGRAFIAS DE CRIBADO PARA LAS MUJERES CON DISCAPACIDAD, UNA REALIDAD POCO VISIBLE

Imagen mamografos inclusivos

LA FALTA DE ACCESIBILIDAD EN LAS MAMOGRAFIAS DE CRIBADO PARA LAS MUJERES CON DISCAPACIDAD, UNA REALIDAD POCO VISIBLE

DISCAPACIDAD Y PROGRAMAS DE PREVENCIÓN DEL CÁNCER DE MAMA

  • El Congreso ‘Palencia accesible, Palencia saludable. Accesibilidad universal, salud y derechos’ abordará este problema en una de sus mesas, a través de la experiencia real del Hospital Universitario Galdakao Usansolo, que cuenta con mamógrafos inclusivos

  • Hablamos con María Jesús Suárez Hernández, coordinadora y técnica de radiología experta en mama del Hospital Universitario de Galdakao-Usansolo (HUGU) de Osakidetza, quien puso en marcha este proyecto y que persigue la equidad en el acceso a la prevención del cáncer de mama

  • (DECLARACIÓN) “En pleno siglo XXI, siguen existiendo muchas barreras arquitectónicas y de accesibilidad que dificultan que una mujer con discapacidad pueda acceder a los programas de prevención”

Palencia, 11 de septiembre de 2026

Una de cada ocho mujeres padecerá cáncer de mama a lo largo de su vida, estadística que incluye a las mujeres con discapacidad. Sin embargo, el porcentaje de estas que se realizan mamografías de cribado se sitúa por debajo de la media nacional (33,46%). La falta de accesibilidad en una prueba tan necesaria para la detección precoz afecta de este modo a más de 2,5 millones de mujeres, el 60% del total de personas con discapacidad.
Es una de las realidades que se abordará en el congreso ‘Palencia accesible, Palencia saludable: Accesibilidad universal, salud y derechos’, cuyo objetivo es evidenciar que la accesibilidad no es una opción, sino una obligación para garantizar la igualdad en el acceso a la atención sanitaria y el ejercicio efectivo de los derechos.

Durante el desarrollo de la jornada conoceremos la experiencia del Hospital Universitario de Galdakao-Usansolo (HUGU) de Osakidetza, relacionada con la prevención, detección y diagnóstico del cáncer de mama, así como en la mejora de la atención y el cuidado de mujeres con discapacidad. Su coordinadora es María Jesús Suárez Hernández, supervisora del servicio de Radiología de dicho centro hospitalario.

La mayoría de las pacientes en silla de ruedas o movilidad reducida se enfrentan a severas dificultades para acceder a esta prueba diagnóstica fundamental, por la ausencia de mamógrafos ergonómicos e inclusivos y de criterios de accesibilidad en los accesos y las cabinas. A estas barreras se suma la necesidad de continuar impulsando la formación y sensibilización de los profesionales de la imagen para el diagnóstico, favoreciendo una atención cada vez más inclusiva y adaptada a las necesidades de cada paciente.

Esta grave situación ha tenido una respuesta sencilla, pero decisiva en este hospital de Osakidetza- Servicio Vasco de Salud-, tras una renovación de sus equipos de mamografía y adaptación de los centros hospitalarios. Además, se introdujo en la carta de invitación al programa de cribado la posibilidad de que las mujeres comunicaran de forma previa sus necesidades de movilidad o limitaciones funcionales. “De este modo, la unidad puede conocer a las pacientes con antelación y adaptar la cita, disponiendo del tiempo y los recursos necesarios para ofrecer una atención más accesible, individualizada, cómoda y segura”, explica María Jesús Suárez, actual presidenta de la Asociación Española de Técnicos en Radiología, Radioterapia y Medicina Nuclear (AETR).

COORDINACIÓN ENTRE DEPARTAMENTOS Y ESTRUCTURAS

Completar este trabajo de forma adecuada demanda un proceso organizativo y asistencial definidos: “La realización de una mamografía a una mujer con movilidad reducida requiere en muchas ocasiones más tiempo de atención y, en algunos casos, la colaboración de más de un profesional para realizar la exploración con todas las garantías”, explica, sin eludir el problema del volumen de citas y los tiempos de ocupación de las salas de radiología que se dan, sobre todo, en el programa de cribado poblacional.

Para favorecer esta adaptación han sido necesarios la colaboración y el apoyo de distintos departamentos y servicios sanitarios, desde comunicación hasta dirección médica. “Desde el principio entendimos que mejorar la accesibilidad no podía ser un proyecto exclusivo del Servicio de Radiología, sino que necesitábamos trabajar de manera coordinada con otros profesionales y estructuras. Y el proyecto se ha convertido en buen ejemplo de que, cuando hablamos de accesibilidad y equidad, es imprescindible trabajar de forma transversal”.

DISCAPACIDAD Y PROGRAMAS DE PREVENCIÓN

La experta en diagnóstico mamario considera que, para derribar las desigualdades en el acceso a los servicios sanitarios, se debe aplicar una perspectiva más amplia.

“La accesibilidad no debe entenderse únicamente como la disposición de un equipamiento adaptado, sino cómo conseguir que todo el desarrollo asistencial sea inclusivo. Y, aunque pueda sorprendernos, en pleno siglo XXI siguen existiendo muchas barreras arquitectónicas y de accesibilidad que dificultan que una mujer con discapacidad pueda acceder a los programas de prevención. No se trata solo de que pueda hacerse una mamografía, sino garantizar que tenga las mismas oportunidades que cualquier otra”, añade.

Desde este servicio de Radiología insisten en que el sistema sanitario puede trabajar para eliminar muchas barreras, pero “también necesitamos políticas y medidas que permitan que ninguna mujer deje de participar en un programa de prevención por motivos económicos, geográficos, laborales o de cualquier otra índole”.

UNA CUESTIÓN DE IGUALDAD Y BIENESTAR

De ahí, la importancia de que tanto los profesionales como el sistema estén preparados para responder a las necesidades de las mujeres: “Nuestro objetivo es buscar la participación y adherencia de las pacientes a unos programas diseñados para detectar la enfermedad en fases iniciales, cuando las posibilidades de tratamiento y curación son mayores. Por eso, garantizar el acceso de las mujeres con discapacidad al cribado no es una cuestión secundaria, sino una cuestión de igualdad y bienestar”.

Y en este camino construido a la par, el equipo sanitario ha aprendido que “no se pueden diseñar servicios para las personas con discapacidad sin contar con ellas. Escuchar sus experiencias y hacerlas partícipes del proceso nos ha permitido detectar necesidades que, desde nuestra perspectiva como profesionales, quizá no hubiéramos identificado. Han pasado de ser las destinatarias de estas mejoras a ser parte activa de su diseño y evaluación”.

María Jesús Suárez realizó la prueba de los equipos de detección de cáncer de mama con diferentes perfiles de pacientes, en colaboración con FEKOOR, la Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Bizkaia. Esta buena práctica de ‘Mamógrafos inclusivos’ le valió en 2025 el reconocimiento de un Premio Sociedad Inclusiva, de COCEMFE.

“Para avanzar necesitamos concienciar y sensibilizar tanto a la sociedad como a los profesionales. Por eso, todas las iniciativas que permitan visibilizar las necesidades de las personas con discapacidad, compartir experiencias y buscar soluciones me parecen muy importantes”, remata en clara alusión a la realización del congreso ‘Palencia accesible, Palencia saludable. Accesibilidad universal, salud y derechos’, que organiza COCEMFE Castilla y León, y en el que participa como ponente de la mesa ‘Accesibilidad en los espacios sanitarios’.

BRUTO DE ENTREVISTA PREGUNTA-RESPUESTA

¿Cómo detectaron la necesidad de adaptar el servicio de mamografías a mujeres con discapacidad?

Desde dos vertientes. Por un lado, a través de las propias pacientes, sorprendidas de
poder hacerse una mamografía desde la silla de ruedas, y desde el punto de vista organizativo y asistencial. La realización de una mamografía a una mujer con movilidad reducida requiere, en muchas ocasiones, más tiempo de atención y en algunos casos la colaboración de más de un profesional. Esto adquiere mayor relevancia en el programa de cribado poblacional, donde el volumen de citas es elevado y los tiempos de ocupación de la sala están muy ajustados.

Su objetivo es alcanzar la equidad en el acceso a la prevención. Sin embargo, el porcentaje de mamografías en personas con discapacidad sigue siendo inferior a la media.

¿Qué otros elementos, además de las soluciones mecánicas, quedan aún por afrontar?

Nos quedan todavía muchísimos retos por delante. Y no solo en relación con las propias pacientes, sino también con los profesionales, porque tenemos que seguir trabajando en la motivación, la formación y, sobre todo, en la sensibilización. La accesibilidad no debe entenderse solo como la disposición de un equipamiento adaptado, sino cómo conseguir que todo el proceso asistencial sea realmente accesible.

Y, aunque pueda sorprendernos, en pleno siglo XXI siguen existiendo muchas barreras arquitectónicas y de accesibilidad que dificultan que una mujer con discapacidad pueda acceder a los programas de prevención. Por eso, debemos trabajar desde una perspectiva mucho más amplia. No se trata únicamente de lograr que una mujer con discapacidad pueda hacerse una mamografía, sino garantizar que tenga las mismas oportunidades de acceder a ella.

¿De qué modo participaron ellas en el diseño y evaluación de estos servicios sanitarios?

Para nosotras era fundamental que las propias mujeres con discapacidad participaran en el diseño y la evaluación de estas mejoras. Por ello, en febrero de 2023 realizamos una prueba de los equipos con diferentes perfiles de pacientes, en colaboración con FEKOOR, la Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física y/u Orgánica de Bizkaia.

Fueron ellas mismas quienes probaron los equipos, nos trasladaron sus dificultades, sus necesidades y también sus propuestas de mejora. La experiencia fue todo un éxito y nos permitió comprobar de primera mano qué funcionaba y qué aspectos necesitábamos seguir adaptando. A partir de ese momento iniciamos una andadura conjunta que ha ido mucho más allá de aquella primera prueba.

Y aprendimos algo fundamental: no podemos diseñar servicios para las personas con discapacidad sin contar con ellas. Escuchar sus experiencias y hacerlas partícipes del proceso nos ha permitido detectar necesidades que, desde nuestra perspectiva como profesionales, quizá no hubiéramos identificado. Han pasado de ser las destinatarias de estas mejoras a ser parte activa de su diseño y evaluación.

¿Cómo garantizan el acceso a este cribado sin distinciones de edad, territorio o situación socioeconómica?

El acceso al programa de cribado poblacional se plantea desde un principio de equidad y no de distinción, y se establecen criterios científicos, consensos y estadísticas epidemiológicas, además de las recomendaciones y directrices de organismos como la Organización Mundial de la Salud. Los programas se dirigen a aquellos grupos de edad en los que se ha demostrado que el cribado aporta un mayor beneficio en términos de detección precoz.

En cuanto al medio rural, en Euskadi partimos de una situación que, por las propias características geográficas del territorio y por la distribución de nuestra red sanitaria, facilita relativamente el acceso. Contamos con hospitales universitarios y comarcales distribuidos por toda la comunidad autónoma, lo que permite acercar los servicios sanitarios a la población. Evidentemente, esta situación puede ser diferente en otras comunidades autónomas con una mayor dispersión geográfica, y ahí las estrategias de accesibilidad deberán adaptarse a las características de cada territorio.
Y el tercer aspecto, la situación socioeconómica, es más complejo.

Aquí pueden aparecer condicionantes de todo tipo, aunque el programa sea universal y la prueba accesible. Por eso, cuando hablamos de equidad tenemos que diferenciar entre ofrecer el mismo acceso y conseguir que todas las mujeres lo ejerzan realmente. El sistema sanitario puede trabajar para eliminar muchas barreras, pero también necesitamos políticas y medidas que permitan que ninguna mujer deje de participar en un programa de prevención por motivos económicos, geográficos, laborales o de cualquier otra índole.

¿Se ha realizado alguna revisión en la formación especializada del personal técnico de radiología para cubrir las necesidades orgánicas y de movilidad de las pacientes?

Ha sido más un proceso de aprendizaje continuo que una revisión estructurada de la formación. La que realizamos en su momento nos permitió adquirir unas primeras herramientas y, a partir de ahí, hemos continuado avanzando de una manera muy práctica, identificando las necesidades que iban surgiendo en el día a día y adaptándonos a ellas.

¿Ha sido necesaria la colaboración de otros departamentos sanitarios para favorecer esta adaptación?

Sí, indudablemente. Para poder llevar a cabo todas las actuaciones desarrolladas ha sido necesaria la colaboración y el apoyo de diferentes departamentos y servicios. Desde el principio entendimos que mejorar la accesibilidad no podía ser un proyecto exclusivo del Servicio de Radiología, sino que necesitábamos trabajar de manera coordinada con otros profesionales y estructuras.

En primer lugar, contamos con el Departamento de Comunicación del hospital, para poder dar visibilidad a las iniciativas. Y, por supuesto, ha sido fundamental el respaldo institucional de la Dirección del hospital a muchas de las ideas que iban surgiendo. Además, hemos trabajado con el Programa de Detección Precoz del Cáncer de Mama del Gobierno Vasco, incluyendo en su formación bianual para el personal Técnico de Radiología una jornada de formación y sensibilización de atención a pacientes con movilidad reducida.

Este proyecto es un buen ejemplo de que, cuando hablamos de accesibilidad y equidad, es imprescindible trabajar de forma transversal. La implicación de diferentes servicios, departamentos y niveles de la organización es lo que permite que una buena idea pueda convertirse realmente en una mejora para las pacientes.

¿Qué valor le da al desarrollo del congreso ‘Accesibilidad universal, salud y derechos’, organizado por COCEMFE Castilla y León?

Es fundamental seguir trabajando en la atención a las personas con discapacidad, no solo en el ámbito de la prevención del cáncer de mama, sino en todos los ámbitos de la atención sanitaria.

Para avanzar necesitamos concienciar y sensibilizar tanto a la sociedad como a los profesionales. Por eso, todas las iniciativas que permitan visibilizar las necesidades de las personas con discapacidad, compartir experiencias y buscar soluciones me parecen muy importantes.

Este tipo de congresos nos ayudan precisamente a poner estas cuestiones sobre la mesa y a estar más cerca de una atención sanitaria más accesible e inclusiva.

 

 

 

 

Sobre COCEMFE CASTILLA Y LEÓN
COCEMFE CASTILLA Y LEÓN es la Confederación de Personas con discapacidad física y orgánica de Castilla y León, constituida en Burgos el 19 de mayo de 2005 y que representa a más de 12.000 personas con discapacidad en nuestra comunidad y a 93 asociaciones de personas con discapacidad física y orgánica en Castilla y León. Agrupa a la Federación Provincial de Palencia (FEDISPA), Burgos (COCEMFE BURGOS), Salamanca (COCEMFE SALAMANCA), Soria (FADISO) y León (COCEMFE LEÓN) y a diversas entidades autonómicas: la Federación de Fibromialgia y síndrome de fatiga crónica de Castilla y León (FFISCYL), la Federación de Parkinson de Castilla y León (FEPACYL), Asociación de Fibrosis Quística de Castilla y León, Corea de Huntington de Castilla y León, la Asociación de Esclerosis Lateral Amiotrófica de Castilla y León (ELACYL), AVIVA, Asociación de enfermedades raras de Castilla y León (ALER), Asociación de Linfedema y Lipedema de Castilla y León (ADELPRISECYL), Federación Regional de ALCER (Asociaciones para la lucha contra las enfermedades del riñón), y Asociación Leonesa de Enfermedades Inflamatorias Intestinales y Ostomía (ALEIIO).

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